Tijuana vertical o la crónica de una muerte anunciada


El Boom de la verticalidad, como muchos lo llaman, o también el Bloom (florecimiento) como he escuchado que también se le está denominando, ¿es un fenómeno real y sostenible? ¿O será que estamos cayendo dentro de una burbuja inmobiliaria?



Como la vivida hace algunos años cuando se detonó el desarrollo vertical del corredor costero y que de repente se detuvo, dejando a su paso una estela de elefantes blancos o esqueletos de elefantes que al día de hoy no se ve claro cuándo habrán de despertar de su letargo, o si no quedará más remedio que demolerlos debido a lo deteriorado de dichas estructuras tras años de exposición al inclemente clima costero.


Hace no mucho me hicieron estas preguntas en una conferencia que me tocó impartir sobre el tema, a lo que contesté que es prematuro poder tomar alguna postura al respecto; siendo optimista, espero que sí sea un fenómeno real y sostenible, detonador de una nueva etapa y oportunidad de desarrollo para Nuestra Ciudad. De diez años a la fecha hemos visto nacer y florecer una nueva e incesante industria en la edificación Tijuanense: la construcción vertical, impulsada en parte por las políticas públicas nacionales que promueven la densificación de los centros de población, y complementada por una agresiva campaña de diversos grupos de desarrolladores privados que han encontrado esquemas y formas para gestar, edificar y comercializar sus proyectos con una rapidez impresionante.


Una amplia cartera de edificaciones verticales y horizontales han cambiado en un corto período el horizonte de ciudad al que estábamos acostumbrados, y al parecer esto es apenas el comienzo; múltiples usos se están implementando en esta nueva etapa, no solo el habitacional como ocurrió antes de la crisis anterior, destacan también el uso comercial, el uso mixto, el de turismo médico, entre los principales; también aquellos que buscan atender las necesidades requeridas por las generaciones jóvenes, o por las generaciones mayores y pudientes que están dando un brinco de sus amplias residencias unifamiliares a la vida en condominios de lujo en las alturas de la ciudad; dentro de las nuevas tipologías destacan los edificios de oficinas tipo virtual (hub), así como muchas otras que apenas se están planteando y pujando por detonarse en nuestra ciudad, como es la modalidad de reuso, reciclaje y cambio de giro de edificaciones existentes.


Existen factores importantes e ineludibles que se tienen que tomar en cuenta si se pretende garantizar que este desarrollo sea sostenible, factores que competen a la Administración Pública implementar y garantizar un adecuado seguimiento, y a la sociedad civil poner su parte para velar que todo aquello se cumpla y respetar a su vez la aplicación de la reglamentación y las leyes.


Si no se logra una solución real al problema de la inseguridad; sin una definición y planteamientos concretos a la precaria situación de movilidad que actualmente vivimos y que día a día nos absorbe en un laberinto abrumador que parece no tener salida; sin un análisis real de las condiciones de la infraestructura existente que garantice y asegure suficiente dotación de servicios para dar pie a todo este nuevo desarrollo; sin una campaña de concientización e implemento de criterios de forestación, sustentabilidad y creación de áreas verdes y de esparcimiento que permitan una sana convivencia de los habitantes en el espacio público; y muchos factores más que de manera integral promuevan el desarrollo urbano de la ciudad, si no se logra todo esto, corremos el riesgo de estar condenados a quedarnos simplemente con una imagen vaga de lo que algún día pudo haber sido la nueva y moderna versión de nuestra ciudad, y que nunca llegó.


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